Editorial AND – El Mossad prepara una nueva ofensiva imperialista contra Irán

A continuación compartimos una traducción publicada por Nueva Democracia Colombia del reciente Editorial de A Nova Democracia (AND).


Los grandes disturbios que estallaron y se extendieron por las 31 provincias de Irán son un fenómeno complejo que requiere atención. Por un lado, se sumaron gran cantidad de masas, a partir de reivindicaciones económicas fundamentales que el régimen no pudo satisfacer debido a las sanciones económicas y a su economía semicolonial y semifeudal, y ahí radicó el carácter espontáneo de las protestas al principio; por otro lado, estas protestas fueron rápidamente secuestradas y dirigidas políticamente por la reacción interna de Irán opuesta al régimen, vinculada a la burguesía persa, lacaya por completo y quinta columna de la entidad sionista y sus aparatos de espionaje, véase el Mossad. En estos dos aspectos reside el origen de la gravedad de las acciones contra el régimen de los ayatolás en la actualidad en Irán.

No sería posible que los opositores reaccionarios del régimen iraní lograran dirigir un movimiento espontáneo multitudinario y con un alto grado de violencia, en un país mayoritariamente unido contra el sionismo y el imperialismo yanqui, sin un alto nivel de organización y centralización clandestina que solo entidades con mucha experiencia en provocar grandes disturbios masivos serían capaces de operar en su interior. A juzgar por el grado de armamento y organización de algunas de las unidades irregulares que operan entre los manifestantes, es ingenuo suponer que se trata de un salto interno a la crisis; ya han muerto 100 agentes de policía, cifras sorprendentes si se piensa en protestas. De hecho, existe una fuerte organización centralizada externa que opera dentro del movimiento espontáneo, imprimiéndole una dirección política y una operatividad típicas de los comandos militares: se trata del Mossad, lo que está siendo ampliamente denunciado por el régimen iraní. Esta agencia de asesinos y saboteadores contrarrevolucionarios actúa en Irán, incluso de forma reconocida: en septiembre de 2025, el jefe del Mossad, David Barnea, declaró en una ceremonia pública que “el Mossad tiene capacidades operativas muy fuertes, aún más creativas y poderosas que antes, especialmente dentro de Irán e incluso en el corazón de Teherán”; otras “autoridades” sionistas admitieron que el Mossad actúa en la situación actual, aunque niegan la intención de derrocar al régimen.

El señor Reza Pahlavi, antiguo heredero de la dinastía Sha, se proclama líder de los disturbios y, una vez más, se nota la mano del Mossad. El régimen del Sha, recordemos, fue el primero en reconocer a la entidad sionista en la región en la década de 1950, traicionando a los pueblos árabes y musulmanes en general; más aún: el Irán monárquico, antes de la Revolución de 1979, actuaba como escudo del sionismo contra los países árabes. El propio Mossad estructuró en Irán la policía secreta del régimen del Sha, la SAVAK, entrenó a sus agentes e influyó de manera decisiva en la doctrina, las técnicas de espionaje y la contrainformación de este grupo, del que se dice heredero el señor Reza Pahlavi. Este sujeto no es más que un agente del Mossad, indiferente a si está a sueldo o no, y los disturbios que dice “liderar” están bajo la dirección directa, al menos en su inmensa mayoría, de las células del Mossad en territorio iraní.

En este sentido, el aspecto espontáneo, transitoriamente principal al inicio de las protestas cuando se reivindicaban demandas económicas fundamentales, pasa a ser secundario cuando las protestas se convierten en disturbios proyanquis. La calidad del fenómeno cambia por completo. Los disturbios forman parte de los planes yanquis y sionistas de desestabilización del país, con el fin de poner al régimen a la defensiva y dividirlo para mejor derribarlo en las próximas ofensivas de la “guerra de baja intensidad” y, en el mejor de los casos (para los agresores), sumirlo desde ya en una guerra civil, cuyo contenido sería una agresión imperialista por intermediarios. Por lo tanto, desde el punto de vista de la lucha antiimperialista, un eventual cambio de gobierno en Irán, fruto de este proceso y más aún en ausencia de una fuerza proletaria mínimamente existente que luche por la dirección del movimiento de masas y por la concreción de una estrategia revolucionaria, solo correspondería a los intereses del imperialismo yanqui y del sionismo como un paso adelante para aislar la lucha armada de resistencia nacional en Palestina y en todo el llamado Medio Oriente Ampliado.

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La participación de un contingente considerable de masas en los disturbios se debe a las maniobras y remanejos de los contrarrevolucionarios internos, un puñado de sectores secundarios dentro de las clases dominantes, vinculados internamente a la monarquía destituida y

externamente al Mossad y a la CIA yanqui. Y, dentro de esto, las sanciones económicas del imperialismo yanqui desempeñan un papel clave.

La economía semicolonial iraní se desarrolla como un capitalismo burocrático atado al capital financiero, con una industrialización relativa, pero fuertemente subordinada al capital imperialista y dominada por él; es una economía orientada al exterior, y no al interior. Las sanciones, al interrumpir las condiciones normales para la circulación de los bienes primarios iraníes —el petróleo, en definitiva—, actúan como elemento complementario a la guerra de agresión que se está preparando para nuevas ofensivas, creando todas las condiciones para agravar los conflictos internos de la nación.

La producción y exportación de petróleo representaron históricamente alrededor del 65,5 % de los ingresos del gobierno y el 57 % de las exportaciones totales en 2024. Las sanciones afectan de lleno a este comercio: abarcan de forma multifacética cualquier empresa que comercia en EE. UU. con Irán, incluyendo la amenaza de excluirla del “mercado financiero”, y ahora aplican tasas del 25 % a cualquier país que comercia con Irán. En diciembre de 2025, la producción de petróleo de Irán cayó alrededor de 100 mil barriles por día (bpd) debido a las nuevas sanciones del Gran Satán, lo que contribuyó a la caída de la producción total. La moneda del país, el rial iraní, sufrió una drástica devaluación, con índices de tipo de cambio que alcanzaron los 1,4 millones de riales iraníes por dólar en 2026. La inflación se disparó como efecto acumulado de la devaluación de la moneda y las restricciones al comercio y las sanciones contra la siderurgia iraní: 48,6 % en octubre de 2025, considerando año a año (según el Centro Estadístico de Irán). Todo ello ejerce una presión aún mayor sobre los costos de importación y el precio de los productos básicos. Según el Banco Mundial, la proyección del PIB de Irán apunta a una contracción económica: una caída del -1,7 % en 2025 y una previsión del -2,8 % en 2026. Por esta razón, fuentes oficiales iraníes estiman que aproximadamente el 33 % de la población se encuentra por debajo del umbral de la pobreza.

Es en estas condiciones que comenzaron las protestas. Las masas salieron a las calles, y no se les puede culpar por ello: es el régimen, que se enfrenta al imperialismo, el responsable de definir con rigor las políticas fundamentales para mantener la unidad antiimperialista de la nación y neutralizar todos los intentos agresivos de dividirla, ya que se encarga de dirigir la causa nacional. El régimen iraní tiene la responsabilidad de aplicar la democracia en los planos económico (mejora de las condiciones de vida de las masas populares mediante un programa que se centre en los asalariados urbanos, los campesinos y los pequeños propietarios), político (libertad para todas las clases, grupos y fuerzas antiimperialistas) y militar (armamento general de las masas populares organizadas para la lucha antiimperialista), para garantizar la unificación de todo el pueblo contra el agresor, aislando completamente sus iniciativas conspirativas y subversivas a un puñado de traidores nacionales, lo que, en este momento, no es el caso, ya que no se puede suponer que en Irán, país de un valiente pueblo antiimperialista, haya cientos de miles de convictos traidores nacionales. Por sus limitaciones de clase, por un lado, y por el hecho de que la agresión imperialista no se ha desarrollado a una escala aún mayor, el régimen no ha podido impedir la instrumentalización del descontento de las masas porque no ha podido garantizar la plena unidad antiimperialista de la nación iraní.

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La unidad antiimperialista más sólida y firme del país requiere una dirección proletaria en el frente antiimperialista que, al apoyarse en las transformaciones revolucionarias (económicas, políticas y culturales) en beneficio del proletariado, el campesinado, la pequeña y mediana burguesía y (burguesía nacional), es capaz de aplicar en profundidad la democracia en los planos económico, político y militar, ganar a amplísimas masas para la causa nacional y aislar a los traidores proimperialistas. Solo la aplicación de un programa de nueva democracia es capaz de garantizar de manera consecuente, en cualquier condición, la unidad antiimperialista y la resistencia nacional en caso de agresión. El régimen iraní, aunque apoya a las fuerzas antiimperialistas regionales en las circunstancias actuales, incluso para su propia supervivencia, se vuelve vulnerable a las maniobras de los agresores por no estar aún dispuesto a aplicar en profundidad, en este momento en que la agresión aún no ha alcanzado niveles irreversibles, las medidas democráticas indispensables en el interior.

De este modo, el éxito del Mossad en cooptar y convertir las protestas iniciales de las masas iraníes en disturbios al servicio de los agresores imperialistas estaba ya, como posibilidad, determinado por el hecho de que el régimen iraní no es un régimen proletario y por el hecho de que la dirección política del frente antiimperialista no es una dirección proletaria, además del hecho de que el régimen iraní aún no se encuentra en una situación de agresión tal que ciertos criterios proletarios sean imperativos para la supervivencia de la causa nacional. A los verdaderos demócratas, revolucionarios y revolucionarias proletarios e internacionalistas les corresponde lanzar un fuerte grito antiimperialista contra los febriles preparativos del Mossad y la CIA yanqui para una nueva ofensiva militar contra la nación iraní. Es necesario desenmascarar la injerencia y el intervencionismo imperialistas en Irán y combatirlos, difundiendo el programa de la resistencia antiimperialista en Oriente Medio, pero sabiendo que la causa antiimperialista consecuente en todas las vicisitudes de la lucha requiere la dirección revolucionaria proletaria para llevarla a nuevos y definitivos niveles.

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