Estado español – Comités Revolucionarios: Comunicado ante la nueva masacre en Ceuta

A continuación compartimos un comunicado publicado por los Comités Revolucionarios el 6 de agosto.


¡Derrumbar los muros del imperialismo!

Posición de los Comités Revolucionarios ante la nueva masacre en Ceuta

6 de agosto de 2026

El pasado 31 de julio, miles de personas procedentes principalmente de Marruecos, asaltaron los muros de Ceuta (y en menor medida, de Melilla) con el objetivo de dejar atrás una vida miseria y prosperar en Europa. La respuesta del Estado español fue cerrar las fronteras, acosar y negar cualquier tipo de ayuda a los migrantes que trataban de cruzar la frontera. Como consecuencia de esto, ya se han contabilizado al menos 142 cadáveres de personas ahogadas. Posteriormente, las fuerzas represivas del Estado español estuvieron dando caza y deportando a todos los migrantes que pudieron dentro de la ciudad.

El imperialismo español es el responsable de todas estas muertes

Lo sucedido el 31 de julio se ha convertido en la masacre más mortífera de la frontera española en su historia reciente, y se suma a otros infames sucesos, como la masacre del Tarajal en 2014 y la de Melilla en 2022. Además, hay que agregar las miles de muertes que se acumulan cada año en el Mediterráneo. Migrar a Europa no es un capricho para las millones de personas que lo intentan; es un viaje en el que arriesgan la propia vida y dejan atrás todo lo que conocen: sus familias, sus comunidades, su tierra… todo con tal de salir de la situación de miseria permanente a la que están condenados en sus países de origen. No se puede hablar de las masacres en las fronteras y la política migratoria del Estado español sin hablar primero de cómo el imperialismo obliga a millones de personas a abandonar sus hogares.

Durante siglos, los países africanos han estado sometidos por potencias extranjeras. Primero, fueron colonias de las potencias europeas hasta el siglo XIX. Después, pasaron a ser semicolonias, cuando el capitalismo premonopolista se transformó en capitalismo monopolista (imperialismo), y la opresión se disfrazó gracias a la “independencia” obtenida durante la descolonización de África. Como semicolonias, los países africanos nunca han tenido soberanía política real, ni tampoco una economía que no esté atada al capital financiero extranjero. Esto ha hecho que ninguno de ellos haya podido desarrollar una economía capitalista propia, nacional, sino que en su lugar, las potencias imperialistas tomaron la base feudal y esclavista ya existente y sobre ella levantaron una economía enteramente al servicio de sus monopolios (capitalismo burocrático). El resultado de esta dependencia económica absoluta es un subdesarrollo constante de las fuerzas productivas, especialmente en el campo, lo que produce una inmensa cantidad de desempleados; y al mismo tiempo, permite explotar a aquellos que tienen empleo por encima de sus posibilidades.

Así, el imperialismo crea una situación de miseria generalizada y se alía con las clases más reaccionarias de los países de África para mantener su orden de opresión mediante la represión y la violencia. De esta forma, las potencias imperialistas extraen de África unas ganancias mucho mayores de las que extraerían en sus propios países (superganancias) y las usan para mantener el orden dentro de sus fronteras al elevar el nivel de vida con los llamados “Estados de bienestar”. Las enormes masas de migrantes que se ven obligados a dejar sus hogares e ir a Europa lo hacen porque el imperialismo ha sembrado sus países de pobreza, corrupción y represión política. Esta, y ninguna otra causa, es la explicación de la migración masiva de África a Europa.

El Estado español, como Estado imperialista que es, participa también de este saqueo. No bastándole con convertir sus países de origen en marionetas, saquear sus recursos económicos y explotar a miles de millones, el imperialismo español explota a las masas africanas también dentro de sus propias fronteras. El imperialismo necesita de la inmigración ilegal para rebajar los salarios y asegurar la mano de obra en los sectores más duros de la producción. Y necesita que sea ilegal, precisamente, para que los migrantes no tengan derechos, para que se les pueda imponer las condiciones de ultraexplotación. El imperialismo establece un régimen de terror a través de su política de extranjería para que el migrante tenga más miedo a la deportación que a sus condiciones de vida y de trabajo.

A su vez, el imperialismo necesita controlar el flujo de migrantes para manejar el porcentaje de migración legal e ilegal, y así sembrar su régimen de terror en función de la mano de obra que falte o sobre. Para ello, el Estado español utiliza sus lazos de dominación para obligar a países como Mauritania o Marruecos a controlar los flujos de personas que pasan y salen de sus fronteras. Y a menudo, mediante los métodos represivos más criminales imaginables contra las masas.

Marruecos es un país oprimido por el imperialismo

Tanto los voceros de la reacción como la socialdemocracia y las organizaciones revisionistas del Estado español están reproduciendo, de forma más abierta o más sutil, la mentira de que las crisis migratorias son una forma de presión del Estado marroquí al español, con la que buscaría algún tipo de concesión política. Hay que denunciar esto como lo que es: mentiras chovinistas y reaccionarias.

Marruecos es una semicolonia del imperialismo, principalmente del yanqui, pero también del español y francés. Toda su economía está dominada por empresas y capital de estos países. Lo mismo sucede con su política: las clases dominantes en Marruecos son la gran burguesía y los terratenientes ligados al Estado y al capital extranjero, y todas las medidas políticas que realizan están destinadas a complacer a sus amos imperialistas. En este caso concreto, ha quedado registrado cómo las fuerzas represivas marroquíes cargaban, disparaban con cañones de agua y detenían a grupos de migrantes en las inmediaciones de Ceuta antes y durante el cruce, lo que desmonta por si solo la “teoría” de que todo ha sido orquestado desde Marruecos. La realidad es que es el imperialismo español, el que saquea África y obliga a millones de personas a abandonar sus hogares, es el que obliga a Marruecos a reprimir a sangre y fuego a los migrantes que quieren cruzar la valla. Pero cuando la situación se sale de control y las masas encuentran la forma de pasar… ¡entonces nos dicen que se trata de una agresión a la “soberanía española”!

Otra versión de esta teoría es que el cruce, en realidad, ha sido planeado por Estados Unidos e Israel, utilizando a Marruecos como títere y con el objetivo de desestabilizar al Gobierno de España. Más allá de que no existe ninguna prueba real de esto, toda la teoría se fundamenta en que los yanquis y el sionismo estarían descontentos por las supuestas políticas propalestinas y pacifistas del gobierno del PSOE. El asunto es que estas supuestas políticas no son reales. El PSOE no ha hecho nada por Palestina o por reducir la escalada militarista más allá de medidas simbólicas. A día de hoy sigue manteniendo el comercio con Israel y ha aumentado el gasto militar, a la vez que contenía todo lo posible la protesta popular mediante falsas promesas. Quienes defienden que existe una contradicción antagónica entre las políticas del PSOE y las de Trump y Netanyahu, en realidad lo que sostienen es que dentro del imperialismo existe una corriente progresista, representada por el primero, y una reaccionaria, representada por los otros dos, y que esto sería una suerte de ataque de la corriente reaccionaria contra la progresista.

Lo cierto es que no existe ninguna “corriente progresista” dentro del imperialismo, tal y como dijo Lenin: “la reacción política en toda la línea es rasgo característico del imperialismo”. Por supuesto, existen contradicciones entre los países imperialistas, pero estas contradicciones se deben al reparto del mundo, no a la existencia de formas más o menos moderadas de imperialismo. El imperialismo español tiene capacidad de maniobra y en general la usa, precisamente, para aliarse con los Estados Unidos. No existe ninguna prueba real de que tal alianza esté rota ni de que los Estados Unidos necesiten intervenir en la política española, del mismo modo que tampoco hay motivos para creer que un cambio de gobierno supondría un cambio sustancial en las políticas del imperialismo español. Quienes sostienen todo esto, aunque lo nieguen de palabra, están comprando la historia del ataque a la soberanía española, están defendiendo al Estado imperialista y a su gobierno, y están haciendo política electorera al comprar sus mentiras. Por muy de rojo que se disfracen estas posturas, son y siempre serán chovinistas en tanto que evitan señalar al imperialismo español como el principal responsable de la masacre.

Otro de los argumentos de quienes niegan el carácter semicolonial de Marruecos, es que está ocupando el Sáhara Occidental. Es cierto que Marruecos está ocupándola y que las guerrillas saharauis -organizadas en el Frente Polisario- mantienen una Guerra de Resistencia Nacional contra el ejército reaccionario invasor. Pero solo porque esté ocupando a otra nación, no significa que Marruecos sea un país independiente y con soberanía política real.

La ocupación en el Sáhara Occidental es una ocupación orquestada por el imperialismo yanqui en colusión con España y Francia, ejecutada a través de su marioneta: el Estado terrateniente-burgués marroquí y sus gobiernos reaccionarios. Si rastreamos los tentáculos de la ocupación en el Sáhara, todos los beneficios del saqueo de los recursos pesqueros y mineros van directamente al bolsillo de los monopolios yanquis y españoles.

Un país puede estar oprimido por el imperialismo, y al mismo tiempo, sus clases dirigentes locales mantener una política de guerra, agresión, ocupación y expansión chovinista contra sus vecinos. Otro ejemplo claro es Turquía, que también es un país semicolonial y semifeudal, y oprime a los kurdos.

La Guerra de Resistencia Nacional del Sáhara Occidental vencerá inevitablemente siempre cuando el pueblo siga el camino de la resistencia y la lucha armada contra el invasor, el ejército reaccionario marroquí, y su instigador y promotor, el imperialismo yanqui. A su vez, Marruecos será liberada cuando el proletariado levante un gran frente junto a los campesinos, la pequeña burguesía y partes de la burguesía nacional contra el imperialismo y la semifeudalidad, llevando adelante la Revolución de Nueva Democracia, caminando hacia el Socialismo y defendiendo el derecho de autodeterminación del Sáhara Occidental.

Autodefensa popular contra los ataques fascistas

La defensa del gobierno y el imperialismo español es una de las posibles consecuencias de la “teoría del ataque a la soberanía española”, pero no la única. La otra cara de esta moneda son las distintas organizaciones fascistas que han usado esta supuesta invasión para justificar y convocar cacerías a migrantes en Ceuta, buscando desencadenar un pogromo tal y como hicieron hace un año en Torre Pacheco (Murcia). Las masas han respondido a estos intentos de terrorismo fascista confrontando con los matones, demostrando una vez más que el camino para parar al fascismo no está en el parlamento, sino luchando en las calles. Lo revolucionarios deben tomar nota de esto, es nuestra tarea elevar la autodefensa y organizar la violencia colectiva del proletariado junto a todas las demás clases del pueblo contra los ataques de estas bandas fascistas. Es necesario también combatir y denunciar la militarización y fascistificación del propio Estado, que ha desplegado desde la Policía Nacional hasta la Legión para dar caza a los migrantes, militarizando toda la ciudad de Ceuta y cometiendo torturas y abusos en el proceso.

Derribar los muros del imperialismo

Sería incompleto plantearnos únicamente las tareas más inmediatas dentro de nuestras fronteras. Los revolucionarios deben aprender a leer de la actividad de las masas las tareas que estas les plantean y no de los análisis de la prensa burguesa. Lo que estamos viendo en la actualidad es cómo millones de hijos e hijas de los pueblos de África lo arriesgan todo y saltan las fronteras hacia Europa con la determinación de quienes no tienen nada que perder salvo sus cadenas. Esto requiere enfrentarse a la represión, requiere lucha, requiere ciertas formas de organización colectiva, por básicas que puedan ser, y requiere creatividad. Es, en esencia, una forma de rebelión -aunque muy incipiente- contra el orden imperialista, que a pesar de usar todos los medios posibles para encerrar a estas personas en el Tercer Mundo, no puede evitar que escapen.

La cuestión es si los revolucionarios de nuestro país están dispuestos a actuar como si tampoco tuvieran nada que perder salvo sus cadenas. La tarea es clara: hay que derribar los muros que nos separan de nuestros hermanos del Tercer Mundo, y hay que destruir a nuestros Estados imperialistas para acabar con el sistema de miseria y opresión que sostienen. Todo lo que desvíe el foco de estas necesidades refleja en realidad el miedo a perder las comodidades y privilegios que ofrece el imperialismo gracias al saqueo del tercer mundo.

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