Comité Comunista de los Países Bajos – Declaración de Año Nuevo 2025

A continuación compartimos una traducción no oficial de una declaración emitida por el Comité Comunista de los Países Bajos (CCN).

Nota del editor – Comité Comunista de los Países Bajos (CCN)

Esta declaración es más extensa de lo habitual. El año pasado no ha sido un año político típico. Las guerras se apoyan más abiertamente, la represión se está volviendo legalmente más fácil y la confianza en el sistema político se está erosionando aún más. Al mismo tiempo, la resistencia crece y la acción directa se incrementa. El CCN considera necesario explicar estos acontecimientos de forma coherente. Un texto breve no haría justicia a lo que está en juego.

Empezamos el nuevo año sin ilusiones.

El año pasado no trajo ni paz ni recuperación, sino más bien un aumento de las tensiones. La distancia entre la política y la ciudadanía se amplió, el descontento creció y la represión se hizo visible y se empleó. Lo que durante mucho tiempo había estado latente bajo la superficie se hizo evidente.

Las elecciones confirmaron este panorama. El elevado número de votos en blanco no fue señal de indiferencia, sino de una clara negativa a seguir legitimando un sistema en el que votar no cambia nada. Las políticas de guerra continúan, la crisis inmobiliaria persiste, los empleos se vuelven más precarios y las medidas represivas aumentan, independientemente de quién esté en el poder.

Que estas elecciones no hayan resuelto nada no es casualidad. El sistema parlamentario funciona como se pretende: mantiene el orden existente. En este contexto, se habla de una nueva coalición de gobierno entre D66 [Nota del traductor: Partido Demócratas 66], VVD [Nota del traductor: Partido Popular por la Libertad y la Democracia] y CDA [Nota del traductor: Llamada Demócrata Cristiana]. No se trata de un nuevo comienzo, sino de una repetición. Se trata de los mismos Partidos que durante años aplicaron políticas neoliberales, legitimaron guerras, desmantelaron los servicios sociales y expandieron la represión. Su colaboración no beneficia al pueblo, sino a la preservación del sistema.

Las elecciones revelan dos cosas. El rechazo a la política actual va en aumento. Al mismo tiempo, falta una organización capaz de traducir este rechazo en un cambio real. El problema no es que la gente no entienda ni sienta nada, sino que no existe un partido revolucionario capaz de canalizar la ira y la comprensión, y de ofrecer orientación.

Palestina se convirtió en el punto de inflexión central este año. El genocidio dejó claro que el imperialismo no es un asunto lejano. Los Países Bajos también están involucrados a través de la política, las empresas, las universidades y las instituciones. Los intentos de ocultar esto con lenguaje diplomático fracasaron estrepitosamente.

Por lo tanto, la solidaridad no se limitó a las manifestaciones. Se ocuparon universidades, se interrumpió la logística y las instituciones se vieron directamente confrontadas con su papel. No se trataba de visibilidad, sino de perturbar la normalidad. La solidaridad se volvió activa y confrontativa. Este es un avance importante. Palestina, así, trazó una línea clara entre quienes se atreven a confrontar el sistema y quienes lo perpetúan.

La respuesta del Estado fue previsible y reveladora. La represión aumentó, la vigilancia y el control se expandieron, y la solidaridad se criminalizó. Esto se manifestó de forma concreta y pública.

En julio, la policía allanó la casa de nuestro compañero sin previo aviso. Era de madrugada y aún estaban en la cama. La policía rodeó la casa, los esposaron y se los llevaron. El compañero no había usado fuerza, ningún arma ni peligro inmediato, pero sí emitió una declaración política denunciando el papel de las empresas e instituciones holandesas en la guerra y la opresión. Lo que siguió fueron dieciocho horas de detención y los consiguientes procedimientos legales para disuadir cualquier acción posterior. Se impusieron condiciones para el caso, prohibiéndole al compañero acercarse a empresas involucradas en la producción y logística de armas a zonas de guerra. Durante el juicio, se le impusieron 40 horas de servicio comunitario, menos de las 60 horas habituales, pero aun así una escalada de la represión.

Este arresto y procesamiento no fueron incidentes aislados. Ejemplifican cómo el Estado utiliza la represión, no solo mediante la acción policial, sino también a través del poder judicial y los tribunales, para reprimir la lucha política.

Este año, las intenciones represivas también se formalizaron en propuestas políticas y legislativas. El gobierno interino anunció su intención de prohibir el uso de mascarillas en las protestas. Esto significa que quienes se cubran el rostro por temor a represalias podrían ser sancionados. Al mismo tiempo, los bloqueos y las interrupciones serán castigados con mayor severidad. Estas medidas no buscan la seguridad, sino desalentar la acción efectiva.

Además, se presentó un proyecto de ley para penalizar la apología del terrorismo. Su redacción es amplia y vaga, lo que crea un riesgo considerable de que las expresiones políticas, las declaraciones críticas o las declaraciones de solidaridad se consideren delictivas. En la práctica, esto amplía el margen para perseguir legalmente las protestas y la oposición.

Estos acontecimientos no son ajenos a las detenciones y juicios de este año. Juntos, conforman una estrategia coherente. El Estado no solo reprime en la práctica, sino que también garantiza que esta represión tenga legitimidad legal. El espacio para la protesta, la organización y la solidaridad se reduce deliberadamente.

Por lo tanto, la solidaridad con el compañero arrestado y perseguido no es un asunto personal, sino una responsabilidad política. Quien acepta esta represión acepta su expansión, y afortunadamente, muchas organizaciones se manifestaron, entre ellas ROOD y el RSP [Nota del traductor: “ROJA, Juventud Socialista” y “Partido Socialista Revolucionario”, respectivamente] en los Países Bajos, y LJR y JR en Francia.

A nivel internacional, presenciamos la misma lógica de forma más cruda. La muerte del Camarada Basavaraj, dirigente del Partido Comunista de India (Maoísta), fue una ejecución política. El Estado indio intentó aplastar un movimiento que había perdurado durante años a pesar de la severa represión.

Basavaraj no fue asesinado por su persona, sino por lo que representaba: organización, continuidad y confianza en las masas. El hecho de que el PCI (Maoísta) siga existiendo a pesar de este revés demuestra que la lucha revolucionaria no se basa en individuos, sino en la organización colectiva y una línea política clara. Se puede asesinar a personas, pero las causas de la opresión no desaparecerán mediante la violencia estatal.

Por lo tanto, debemos ser claros. El poder no se cede voluntariamente. Ninguna clase dominante ha cedido jamás su posición mediante elecciones o presión moral. Esto no es pesimismo, sino la realidad histórica.

Para los Países Bajos, esto no significa copiar a otros países. Significa abandonar las ilusiones parlamentarias y trabajar seriamente para construir un Partido comunista revolucionario, arraigado en las masas y preparado para una larga lucha.

El último año ha sido muy claro. La resistencia crece. La acción directa se intensifica. La solidaridad se radicaliza. Al mismo tiempo, la represión se endurece y legaliza. Las elecciones muestran rechazo, pero también vacío.

La tarea central sigue siendo la misma: construir un Partido revolucionario que pueda traducir este rechazo en fuerza organizada y lucha consciente.

El Año Nuevo no requiere esperanza ni paciencia, sino organización, disciplina y determinación.

VIVA EL MARXISMO-LENINISMO-MAOÍSMO
ADELANTE EN LA RECONSITUCIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DE LOS PAÍSES BAJOS
MUERTE AL IMPERIALISMO

Junta Nacional

Comité Comunista de los Países Bajos

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