Italia – Per La Democrazia Popolare: Campos Flegreos: el terremoto sacude la tierra, pero es el Estado el que oprime a las masas populares

A continuación compartimos una traducción de un artículo publicado por Per La Democrazia Popolare el 8 de agosto, que hemos recibido por correo.


La enésima fuerte sacudida que ha afectado a Pozzuoli y a la zona de los Campos Flegreos es un fenómeno natural que ha llegado a destruir viviendas, comercios y edificios; las fuentes hablan de una magnitud de 4,5 para describir la intensidad del seísmo. La situación de los desplazados y las familias en situación precaria generada por esta situación dista mucho de ser la consecuencia de un fenómeno natural. El modo en que el riesgo se ha convertido en una tragedia social hay que buscarlo en décadas de políticas que han subordinado la seguridad colectiva a los intereses económicos y a la lógica del beneficio.

Las masas populares de los Campos Flegreos conviven desde hace años con el bradisismo, con enjambres sísmicos cada vez más frecuentes y con una preocupación creciente.

Sin embargo, mientras la población pedía inversiones, inspecciones estructurales, planes de evacuación realmente viables, construcción segura y servicios públicos eficientes, las instituciones han respondido con planes improvisados a toda prisa, solo para ofrecer un lugar donde dormir que no puede ser permanente.

Al parecer, no fue hasta el 4 de agosto cuando el Gobierno decidió destinar 100 millones para hacer frente a la situación de casi 60 edificios inhabitables, 700 desplazados y cortes de suministro que han provocado la falta de agua. Los medios de transporte son totalmente intransitables, lo que obliga a los ciudadanos a utilizar masivamente autobuses sustitutivos para llegar a sus puestos de trabajo. Las distintas tiendas y negocios, ya sean de gestión familiar o con entre 2 y 8 empleados ajenos al círculo familiar, se ven obligados a cerrar. Esto implica la pérdida de su fuente de ingresos y de subsistencia.

En este panorama, vuelve a ponerse de manifiesto el carácter de clase del Estado. Cuando se trata de destinar recursos a la guerra, al rearme, a los grandes negocios y a los intereses de los grupos monopolísticos, el Estado italiano encuentra rápidamente miles de millones. En cambio, cuando las masas populares reclaman viviendas seguras, colegios adecuados, hospitales que funcionen y una prevención eficaz del riesgo sísmico, se invocan las restricciones presupuestarias y la escasez de recursos. La fascistización del Estado también se pone de manifiesto en esta situación: es un Estado cada vez más distante y receloso hacia las masas populares, mientras se habla de un «terremoto imprevisible», en una zona que lleva al menos un año y medio sufriendo enjambres sísmicos cada vez más frecuentes.

Las administraciones locales tienen responsabilidades políticas. Los alcaldes y las entidades territoriales no pueden limitarse a gestionar la emergencia tras cada réplica. Es necesario exigir con firmeza recursos extraordinarios, transparencia sobre los edificios públicos y privados, controles sistemáticos, asistencia concreta a las familias y una participación directa de la población en las decisiones que afectan a la seguridad del territorio. Hay que formar movimientos populares en los Campos Flegreos y Pozzuoli que representen una respuesta clara de oposición. Cuando los habitantes se organizan para reclamar seguridad, el derecho a la vivienda, información transparente y participación, expresan una necesidad real de las masas populares. Sin embargo, estas movilizaciones corren el riesgo de quedar vacías de contenido si se limitan a solicitar intervenciones

puntuales, sin cuestionar las causas estructurales que provocan el abandono del territorio.

El terremoto es un fenómeno natural; las acciones políticas, en cambio, son las consecuencias sociales del terremoto. Las víctimas, los desplazados, los edificios inseguros y la precariedad son los costes de la prevención que el capitalismo descarga sobre las masas populares. La solidaridad popular demostrada por los habitantes de Pozzuoli y de los Campos Flegreos confirma una vez más que es el pueblo organizado la primera fuerza capaz de hacer frente a las emergencias. Pero la solidaridad, por sí sola, no basta. Es necesario transformar la rabia y el miedo en organización, movilización y lucha para exigir que la seguridad, la vivienda, la salud y la protección del territorio se conviertan en derechos efectivos y no en promesas formuladas tras cada emergencia.

Las masas populares de los Campos Flegreos no necesitan gestos institucionales ni declaraciones de circunstancia. Necesitan prevención, inversiones públicas, seguridad y el derecho a decidir sobre su propio futuro. Cada terremoto nos recuerda que la naturaleza no se puede controlar, pero las consecuencias sociales de la emergencia dependen hoy de las decisiones y los intereses de las clases sociales que ostentan el poder del Estado.

¡Organizarse es justo!

¡Por una Pozzuoli donde se pueda vivir!

Colectivo Por la Democracia Popular de Campania

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