Italia – 1º de Mayo de 2026: la crisis del imperialismo y el desarrollo de la lucha contra el reformismo
A continuación compartimos una traducción no oficial de una declaración publicada por Nuova Egemonia el 2 de mayo.
LAS CONTRADICCIONES DEL IMPERIALISMO
La agresión imperialista contra Venezuela e Irán y la perspectiva de una campaña belicista contra Cuba se ven acompañadas por la mirada expansionista y las políticas genocidas del Estado de Israel contra el pueblo palestino y libanés. Si bien estos son los acontecimientos más llamativos, junto con la guerra interimperialista en curso por el reparto de Ucrania, la situación internacional se caracteriza prácticamente en todas partes por la agudización de la ofensiva de varias potencias imperialistas (EE. UU., países europeos, Rusia y China) contra los pueblos oprimidos y por un nuevo reparto de los mercados, las fuentes de materias primas, las esferas de influencia y el control de las principales rutas de comunicación y tránsito de las mercancías. Todo esto se refleja en una tendencia general hacia el fascismo y a la ofensiva constante contra los derechos, los intereses, las condiciones de vida y de trabajo de las masas populares.
LA FALSA VÍA DEL REFORMISMO Y EL PACIFISMO
La guerra imperialista y la política de guerra, expresión inevitable de la fase agonizante del capitalismo, requieren, por un lado, gobiernos abiertamente dictatoriales y los consiguientes «Estados policiales», mientras que, por otro lado impactan gravemente a las masas, afectando sus intereses y sus condiciones de vida y trabajo. En la situación actual, con el equilibrio económico mundial completamente alterado, la desenfrenada carrera armamentística, los esfuerzos belicistas los pagan las masas, ya gravemente afectadas por la crisis económica y social persistente e irreversible. El imperialismo se evidencia como un sistema moribundo que busca arrastrar a los pueblos oprimidos de todo el mundo, así como a la clase obrera y las masas populares de los países imperialistas, con el objetivo de perpetuar su propia existencia infernal.
Ante todo esto, diversas fuerzas revisionistas y oportunistas en todos los países del mundo intentan imponer la idea de la imposibilidad de una revolución proletaria mundial y la necesidad de invocar una supuesta tercera vía “democrática” y “pacífica”. Esta vía sería la de un supuesto nuevo orden mundial, caracterizado por una lógica de paz y basado en una supuesta “multipolaridad” naciente. Estas fuerzas ensalzan la paz y la posibilidad de contrarrestar la ofensiva del imperialismo y la fascistización de los Estados, en nombre de una “democracia burguesa” que en el pasado supuestamente garantizaba la libertad, los derechos, y el progreso de los pueblos y las masas populares.
En Italia, por ejemplo, un amplio espectro de fuerzas reaccionarias (M5S), populistas y reformistas de izquierda (PAP, izquierda radical) y oportunistas enarbolan la bandera de la revitalización y la aplicación de la Constitución contra la represión y la guerra. Esto es como si toda la historia política de Italia, desde 1947 hasta la actualidad, no hubiera demostrado que la Constitución, debido a su carácter burgués y su estructura liberal y corporativista, siempre ha servido al capitalismo y a la dictadura de la burguesía, o, cuando esto no ha sucedido, siempre ha demostrado carecer de eficacia y aplicabilidad práctica.
Ante la represión, la ofensiva contra los trabajadores y las masas, las políticas de rearme y las guerras imperialistas, algunas fuerzas centristas y maximalistas enarbolan la bandera de la “lucha por la paz”. En Italia, este enfoque está representado por fuerzas como la FGC/FC [Nota del traductor: Frente de la Juventud Comunista/Frente Comunista], que buscan recuperar en un contexto histórico y político completamente diferente, las consignas lanzadas por la Unión Soviética de Stalin después de la Segunda Guerra Mundial, en favor de un movimiento internacional de apoyo a la URSS y a los países de la Democracia Popular.
El FGC ya declaró el 25 de abril del año pasado: «Hemos comenzado a promover el lema “Partisanos de la Paz” durante las manifestaciones del 25 de abril, recordando la experiencia del movimiento de masas del mismo nombre que, a caballo entre las décadas de 1940 y 1950, vio a los protagonistas y combatientes de las guerras partisanas en Italia y en toda Europa movilizarse contra la creación de la OTAN y contra el imperialismo”… Ante los vientos de guerra, la vigencia de esta elección de nuevo se confirma. Hacemos un llamado a todos a salir a las calles bajo este lema, a abrazarlo, a promoverlo y a contrarrestar los intentos de instrumentalizar el 25 de abril…» Hemos visto que este año el FGC ha retomado los mismos argumentos y el mismo enfoque al pie de la letra. El problema es que, mientras que a finales de la década de 1940 esta lucha estaba al servicio de la revolución proletaria mundial, hoy contradice la necesidad de su organización y preparación.
LA APARENTE OMNIPOTENCIA DEL SISTEMA IMPERIALISTA Y LA REALIDAD DE LA TENDENCIA A LA REVOLUCIÓN
La situación internacional, la ofensiva contra los pueblos oprimidos y el auge del fascismo ponen en la agenda el problema de la revolución proletaria en todos los países del mundo, y no un supuesto orden mundial de paz basado en la “multipolaridad” a la sombra del imperialismo ruso y el socialimperialismo chino, ni el pacifismo cobarde de la llamada “lucha por la paz” acompañada de un retorno a una mítica “democracia burguesa” del pasado.
Las guerras y empresas imperialistas de las últimas décadas, junto con el avance internacional del fascismo, son una expresión de la crisis estructural de la economía mundial capitalista, acompañada por la agudización de la contradicción entre el imperialismo y los pueblos oprimidos y la ruptura irreversible, a nivel estratégico y político-militar, del equilibrio entre las grandes potencias imperialistas.
A diferencia del pasado, hoy no existe ninguna potencia imperialista ni polo imperialista capaz de afrontar una guerra mundial con perspectivas de poder llegar a gestionar la reconstrucción, al menos por una cierta fase, ni de lograr un cierto equilibrio entre los distintos componentes de la economía del sistema imperialista. Si bien Estados Unidos, la principal potencia militar, también se encuentra en relativo declive, esto no significa que otras potencias imperialistas como Rusia, China, Japón o Alemania sean capaces de imponerse económicamente en su lugar como potencia dominante.
Si consideramos este hecho, junto con una evaluación de la experiencia de las guerras imperialistas de las últimas décadas, en particular la guerra interimperialista en Ucrania y la agresión contra Irán, vemos que la Tercera Guerra Mundial emerge como una larga guerra de posiciones librada por potencias imperialistas contra pueblos oprimidos y en las relaciones entre las propias potencias imperialistas. La Tercera Guerra Mundial ya ha comenzado y, en lo que respecta a los países imperialistas, inevitablemente va acompañada del avance de la fascistización de los Estados, procesos claramente evidentes en Estados Unidos, Rusia y China, y de modo particular en Italia.
Si bien, en apariencia el imperialismo es tan fuerte que parece invencible y omnipotente, un análisis objetivo del estado actual del sistema económico y político imperialista, y de su evolución en las próximas décadas, evidencia que este sistema se encuentra en un callejón sin salida y se encamina hacia su ruina. Sobre tal apariencia especulan como hemos visto revisionistas, reformistas y oportunistas de todo tipo. Las contradicciones que lo aquejan son empíricamente constatables, aunque de forma relativa y particular, precisamente en las enormes dificultades que Estados Unidos, por un lado, y Rusia, por otro, encuentran al abordar y resolver la cuestión del control de Oriente Medio y de los demás países de la antigua URSS socialimperialista, principalmente Ucrania, ahora subyugada al campo de EE. UU., y al de las principales países europeos.
En este contexto, resulta cada vez más evidente cómo las rebeliones en curso de los pueblos oprimidos, acompañadas por las grandes luchas campesinas revolucionarias en los países de América Latina, lideradas por las grandes revoluciones de la Nueva Democracia en India, Filipinas, Turquía y Perú, junto con las luchas de liberación nacional del pueblo palestino, el pueblo iraní, Cuba, Venezuela y de tantos otros países del mundo, se expanden y fortalecen en el marco de la Tercera Guerra Mundial imperialista en desarrollo, fusionando la lucha antiimperialista con la lucha por la Nueva Democracia desde la perspectiva del socialismo. Es precisamente en este sentido que la crisis terminal del imperialismo pone en un primer plano objetivamente, y cada vez más también en la construcción de condiciones subjetivas, la tendencia hacia la revolución proletaria mundial. En los propios países imperialistas, la ofensiva económica contra el proletariado y las masas populares, acentuada por el creciente desempleo y la precariedad, por el gasto en la carrera armamentística y por el aumento de los precios debido a la crisis económica y las crisis internacionales, se combina con la represión y un ataque frontal contra los derechos políticos y sindicales de los jóvenes, los trabajadores asalariados y los estratos explotados e intermedios de la pequeña burguesía.
Crece la oposición de los jóvenes y de los sectores más avanzados de la clase obrera de las masas populares al sistema imperialista, a la guerra imperialista y al fascismo, a las agresiones genocidas contra los pueblos oprimidos y a la sangrienta ofensiva contra las Revoluciones de Nueva Democracia.
LA IDEA DE LA NECESIDAD DE LA REVOLUCIÓN MADURA ENTRE LOS JÓVENES COMUNISTAS
En Italia, entre los sectores más conscientes y combativos del proletariado, la juventud y los oprimidos del sur y las islas, crece la conciencia de la necesidad de rechazar las ilusiones sobre la posibilidad de una salida pacífica, “democrático-burguesa” del fascismo y las contradicciones y guerras del imperialismo. La experiencia política y militar de los comunistas durante la resistencia antifascista, que inicialmente impulsó las luchas y las formaciones revolucionarias de finales de los años sesenta y principios de los setenta, vuelve a alimentar la oposición de los jóvenes comunistas y revolucionarios, cada vez más enfrentados al nauseabundo y petrificado adoctrinamiento de las fuerzas de la izquierda radical, los pacifistas y los centristas.
La huida de jóvenes de la organización “Rifondazione Comunista” en busca de organizaciones capaces de apoyar la perspectiva de una Nueva Resistencia y una revolución proletaria es un ejemplo molecular de este proceso en marcha.
EL PROCESO HACIA LA UNIDAD DE LOS COMUNISTAS REVOLUCIONARIOS Y LA FORMACIÓN DEL PARTIDO.
El desarrollo de la Tercera Guerra Mundial en curso, la ofensiva económica contra las masas populares, el heroico ejemplo de la resistencia palestina, la firmeza del pueblo iraní y la gloriosa epopeya de las Guerras Populares de Nueva Democracia, junto con el avance del fascismo en Italia, al que los socialfascistas del PD y los reaccionarios del M5S han contribuido en todos los sentidos, son factores subyacentes en un proceso, actualmente aún embrionario, de convergencia y unificación de los comunistas revolucionarios y la formación de un bloque político y social revolucionario, que retomará victoriosamente el Camino de Gramsci sobre la base de la ideología más avanzada del Movimiento Comunista y del proletariado internacional, representada por el marxismo-leninismo-maoísmo, con las aportaciones universales del Pensamiento Gonzalo.
NUOVA EGEMONIA