Tjen Folket Media – Kenia: Entrevista con la juventud revolucionaria

A continuación compartimos una traducción no oficial de una entrevista publicada por el medio noruego, Tjen Folket Media (TFM), el 27 de mayo.


Un colaborador de Tjen Folket Media (TFM) atendió la Cumbre del PanAfricanismo Contra el Imperialismo (PASAI) en Nairobi, Kenia, el 11 y 12 de mayo. PASAI fue organizada como una protesta contra la cumbre “África Adelante” organizada por el imperialismo francés en el Estado keniano. Publicaremos una serie de artículos escritos durante este viaje.

Tjen Folket Media se reunió con varios miembros de la organización juvenil del Partido Comunista Marxista de Kenia (CPM-K) durante nuestra visita a Nairobi en mayo. Nos explicaron que la Unión Juvenil Revolucionaria (RYL) es un organismo, un órgano de masas, del partido y para el partido.

La Unión Juvenil se desplaza a las ciudades y al campo para buscar a los jóvenes entre los obreros y los campesinos. Tienen sus propios proyectos, como la elaboración de material de propaganda para el partido.

Varias de las personas con las que hablamos nos contaron que hay un desempleo altísimo entre los jóvenes en Kenia, pero que las cifras son inciertas. Las cifras oficiales no reflejan la realidad en las grandes ciudades de Kenia. Además, nos contaron que existe un salario mínimo diario establecido por ley que equivale a 40 coronas noruegas, pero que muchos empleados ganan mucho menos que eso. [Según https://wage.is/kenya/, el salario mínimo equivale a unos 4 dólares al día —aproximadamente 40 coronas—, mientras que la renta media real es de aproximadamente una cuarta parte de esta cantidad, es decir, diez coronas al día, nota del editor.]

Debido a las altas tasas de desempleo, muchísimos jóvenes de las ciudades trabajan en la economía informal y dependen de los llamados “gigs” (pequeños trabajos) para sobrevivir. Los activistas añaden que los ciudadanos de clase media que de vez en cuando disponen de algo de dinero invierten en un coche y contratan a alguien para que realice servicios a través de las aplicaciones Uber o Bolt. En ese caso, un acuerdo habitual puede ser que el conductor tenga que pagar al propietario del coche 2000 chelines kenianos al día, independientemente del número de viajes que realice ese día. El conductor puede incluso acabar en números rojos un día, si le salen pocos viajes. Una y otra vez, los activistas también repiten que no existe ninguna “red de seguridad social” en Kenia.

Cuentan que el sector del transporte, privatizado y caótico, crea muchos problemas a la población, y que, si hay mal tiempo, los propietarios pueden mantener los autobuses y los coches fuera de las calles para subir el precio de los viajes. Los precios suelen negociarse viaje a viaje. Los activistas dicen que antes existía una empresa pública de autobuses en Kenia, pero que esta fue privatizada, en consonancia con una tendencia general hacia una mayor privatización y una mayor crisis en la sociedad keniana.

En este sentido, los jóvenes revolucionarios confirman que el concepto de “países en desarrollo” es un mito difundido para dar la impresión de que el imperialismo supone un avance tanto para los países imperialistas como para los oprimidos. La realidad es que el imperialismo significa reacción en todos los ámbitos, y que la explotación se intensifica constantemente en los países oprimidos.

Lo que ha sustituido a la antigua empresa pública de autobuses son, principalmente, los “autobuses matatu”. Un activista nos cuenta que, para maximizar los beneficios en este sector, se importan camiones y furgonetas de China, que se transforman en Kenia en autobuses capaces de transportar a decenas de pasajeros. Estos no son seguros para el tráfico ni están adaptados para la comodidad.

También nos cuentan que existen problemas similares en la gestión de residuos. Hay basura por todas partes, y el crimen organizado monopoliza el servicio de recogida de basura. El resultado son vertederos ilegales y basura flotando en las callejuelas. Los activistas afirman que esto es consecuencia de la situación de Kenia como país semifeudal y semicolonial.

Además, señalan que los residuos textiles son un problema específico. La ropa que se dona en Europa, por ejemplo como “ayuda de emergencia para África”, se canaliza hacia Kenia. Aquí se interceptan los envíos, dicen los activistas, y la ropa se vende a precios de saldo. A menudo se vende envuelta en plástico, de modo que los compradores no saben lo que realmente han comprado hasta que la desembalan, y entonces gran parte de la ropa suele estar completamente inservible, nos cuentan los activistas.

La industria del “mtumba” (o “mitumba”) es el nombre que recibe el comercio de ropa de segunda mano, y casi toda la población se abastece de ropa a través de ella. Se trata de prendas que se venden en “paquetes” envueltos en plástico, y constituye un sector enorme en África Oriental. Los activistas afirman que, en la práctica, se trata de un vertido de excedentes de capital de los países imperialistas, lo que mantiene altos los precios en dichos países e imposibilita el desarrollo de una industria textil local rentable en África Oriental. Kenia tenía una industria textil de este tipo anteriormente, pero, entre otras cosas, como consecuencia del dumping de los países imperialistas, esta ha sido sustituida por una industria de propiedad extranjera que produce ropa de marca para los países imperialistas.

Además, cuentan que en Nairobi se encuentra el vertedero más grande de África, y que estos vertederos también se llenan con residuos de la industria. Afirman que la sobreproducción para los mercados de los países imperialistas genera productos que no se venden, y que estos acaban rápidamente como productos baratos o basura en África. Esto no solo se aplica a la ropa, sino también a los coches de segunda mano procedentes, por ejemplo, de Japón.

Tjen Folket Media también realizó una entrevista propia con “Kamaradi”, responsable de la formación política dentro de la federación juvenil. Él también quiere contarnos primero sobre el contexto en Kenia, porque esta es la base de su trabajo. Dice que Kenia es neocolonial y semifeudal, y que esto se aplica a todos los países africanos, especialmente a los países al sur del Sáhara.

Kamaradi afirma que los imperialistas utilizan a los compradores, los lacayos locales del imperialismo, como instrumentos, y que los países oprimidos no son capitalistas en el sentido estricto de la palabra. Acaban siendo consumidores, no productores, de productos industriales. La mayoría vive en el campo y se mantiene sometida en un régimen semifeudal. La base económica aquí es la tierra, que está monopolizada por los grandes terratenientes y grandes empresas monopolísticas. Por lo tanto, dice, el país debe liberarse primero del colonialismo y el feudalismo, antes de poder avanzar hacia el socialismo y el comunismo.

Continúa explicando que el 70 % de la población son niños y jóvenes. Su tarea principal es organizar a la juventud para luchar por la independencia y la soberanía de Kenia y África.

La Unión Juvenil trabaja en la captación de jóvenes en el campo y en las ciudades, y Kameradi se dedica principalmente a la formación política estructurada del partido. Elabora planes de estudio y programas de estudios. Explica que el programa del partido resulta muy atractivo para los jóvenes y que su tarea consiste en seguir formándolos en el marxismo.

Kameradi afirma que el programa educativo neoliberal de las instituciones educativas burguesas solo conduce a los jóvenes a la desesperanza. Este sistema es disfuncional, explica, pero enseña a los jóvenes a culparse a sí mismos de sus sufrimientos y de los problemas de la sociedad. Frente a esto, los revolucionarios explican que el problema es el sistema. El sistema solo prepara a los jóvenes para la esclavitud salarial o para formar parte de lo que Marx denomina el ejército de reserva del trabajo, es decir, la gran masa de desempleados que contribuye a mantener los salarios muy bajos.

Kameradi nos cuenta además que una tarea importante en la formación de la juventud es combatir el liberalismo y el oportunismo, y dirigir los debates entre ellos. Visita colectivos locales de jóvenes revolucionarios y afirma que es de vital importancia organizarse y que utiliza la línea de masas en su trabajo.

También afirma que un gran obstáculo es la ideología burguesa, que fomenta el pensamiento a corto plazo y combate la racionalidad y la ciencia. Un punto central de la formación política es combatir ese tipo de pensamiento y sustituirlo por el punto de vista de clase del proletariado, el materialismo y el pensamiento estratégico.

Otro problema que describe es la persecución estatal. El Estado intenta, por supuesto, impedir la organización revolucionaria que plantea la exigencia del poder político. Otros partidos y organizaciones no hacen nada por las masas, dice, y como el movimiento revolucionario es una amenaza para la clase dominante, se convierte en blanco de la represión, y el Estado se militariza para intensificar la opresión.

A pesar de estos problemas, Kameradi habla de una situación explosiva entre las masas. Esto se manifiesta en disturbios, huelgas y protestas, como la revuelta contra los presupuestos generales de 2024. Estas luchas movilizaron y politizaron a grandes masas de jóvenes kenianos, y supusieron tanto el asalto al parlamento, como que las fuerzas de seguridad mataran a más de 20 personas, y que el presidente retirara su impopular proyecto de ley —que, en principio, era resultado de la presión del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Los revolucionarios se unieron a las masas en estas luchas y, desde entonces, han trabajado con determinación para fortalecer la conciencia entre la juventud. Kameradi afirma que las “ONG” (organizaciones “voluntarias” y “de ayuda”, a menudo financiados por Estados imperialistas, nota de editor) constituyen un obstáculo más para la organización y la lucha de las masas. Estas organizaciones engañan a las masas y difunden ilusiones reformistas, pero lo que se necesita, dice Kameradi, es la revolución.

“Las ONG están diseñadas para engañar a las masas”, afirma, y el “ONG-ismo” es un gran problema que permite a algunos lucrarse con el activismo y difundir la idea de que trabajar dentro del sistema puede mejorar la sociedad. Kameradi pregunta retóricamente “¿de dónde viene su dinero?” y “¿quién paga?”. En resumen, estos instrumentos de la burguesía sirven para consolidar aún más la opresión y contentar a las personas con “un trocito de tarta”.

Kameradi concluye contando sus propias experiencias en la universidad, donde los profesores afirmaban que Kenia es una “economía en desarrollo” y donde los políticos burgueses enfrentan a “masas contra masas” y dividen a la gente por género, religión y tribu. Kameradi describe una “crisis de identidad” entre los estudiantes y opina que esto es creado, más o menos conscientemente, por el sistema. Esto impide que muchos intelectuales vean su propio papel y asuman su propia responsabilidad en la revolución nacional-democrática.

Kameradi afirma finalmente que los gobernantes imperialistas del mundo están llevando al mundo a la barbarie y la salvajería, y subraya la necesidad de la lucha revolucionaria y antiimperialista.


Hemos reportado previamente la serie de entrevistas en la PASAI keniana publicadas por Tjen Folket Media. Puede leer más aquí:

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