El BID y la Interpol expanden su intervención en Brasil
Imagen de cabecera: representantes del gobierno brasileño posan frente a la sede de Interpol en Lyon, Francia, durante una visita oficial. Esta relación más estrecha con los organismos internacionales encargados de la aplicación de la ley se produce en un contexto de cooperación cada vez más estrecha entre el viejo Estado brasileño y las fuerzas policiales extranjeras. Fuente: Ricardo Stuckert via AND
Brasil está ampliando su cooperación con instituciones internacionales de seguridad con el pretexto de “luchar contra el crimen organizado”. Sin embargo, detrás de esta iniciativa se esconde una mayor intervención imperialista, yanqui. El nuevo acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) supone unos 5.000 millones de reales brasileños para ampliar una supuesta acción conjunta contra el denominado “crimen organizado”, mientras que el BID ha anunciado que sus inversiones en seguridad en toda América Latina y el Caribe ascenderán a 4.000 millones de dólares estadounidenses a lo largo de los próximos tres años.
En julio de este año se firmó un memorando de entendimiento entre el gobierno brasileño y el BID en la IIIª Cumbre Regional de la Alianza para la Seguridad, la Justicia y el Desarrollo. El acuerdo prevé la integración de la agencia imperialista Interpol en el Grupo de Trabajo de Respuesta Rápida contra la Violencia y el Crimen Organizado, un mecanismo vinculado a la Alianza.
Este acuerdo también está vinculado al programa de Luiz Inácio da Silva, “Brasil contra el Crimen Organizado”, puesto en marcha en 2026 con una financiación de más de mil millones de reales. El programa amplía las medidas de seguridad represivas de Brasil mediante leyes más duras contra las bandas y una mayor cooperación internacional, incluyendo con el imperialismo yanqui.
Los enormes recursos financieros que se están destinando a ello demuestran que no se trata simplemente de un pequeño programa de cooperación técnica. Se están destinando miles de millones de reales a la policía, las investigaciones, la seguridad penitenciaria y la vigilancia financiera. Estas inversiones otorgan a los imperialistas un papel cada vez más importante en la configuración de las políticas dentro de Brasil y en toda América Latina, y suponen un paso hacia una mayor subyugación y represión por parte de potencias extranjeras, principalmente el imperialismo yanqui.
Desde una perspectiva anti-imperialista, este fenómeno debe analizarse en el contexto de la prolongada intervención yanqui en América Latina. Durante décadas, Estados Unidos y las instituciones vinculadas a su esfera política y económica han promovido la cooperación en la lucha contra las “drogas”, el “crimen organizado” y el “terrorismo” como medio para ampliar su influencia sobre los aparatos de seguridad de los países latinoamericanos.
La financiación extranjera, la cooperación en materia de inteligencia y los programas de seguridad internacional crean dependencias —equipos como el ScanEagle ni siquiera funcionan sin el Pentágono—, al tiempo que permiten a potencias externas obtener un mayor acceso a las instituciones nacionales y a las políticas de seguridad. El nuevo acuerdo forma parte de una tendencia regional más amplia. La creciente presencia de instituciones yanquis en Latinoamérica, representa un paso más hacia la subordinación de la soberanía de la región los intereses de la superpotencia hegemónica única.
Y señala que el uso de la delincuencia, especialmente el denominado “narcotráfico”, como justificación para las intervenciones estadounidenses es conocido históricamente por encubrir sus verdaderas intenciones: la aplicación de políticas de contrainsurgencia, destacando las similitudes con la cooperación en materia de contrainsurgencia liderada por los yanquis contra la Guerra Popular en Perú.
Cabe señalar, además, que la reciente invitación a 60 países para coordinarse contra el “resurgimiento de la extrema izquierda” revela el verdadero objetivo del imperialismo yanqui.
América Latina reviste una gran importancia para el imperialismo yanqui y su hegemonía. Los movimientos combativos, especialmente la lucha por la tierra en general y la Revolución Agraria en Brasil, son, por lo tanto, un objetivo de esta “cooperación en materia de seguridad”. Múltiples políticos lacayos brasileños al esforzarse sin descanso por vincular a las organizaciones de lucha por la tierra con la delincuencia común y el tráfico de drogas, en un intento por criminalizar y reprimir a las organizaciones que desafían el poder de los grandes terratenientes.
Durante el programa “A Propósito” nº 369, emitido el 16 de julio en el canal AND, el representante del periódico afirmó que “aquí en Brasil hay una auténtica guerra campesina por la tierra, y también están pendientes de eso”.
Hemos informado sobre la creciente intervención del imperialismo yanqui en América Latina en general, así como en Brasil en particular: