Italia – PLDP: Marruecos, la crisis migratoria y la lucha del pueblo saharaui
A continuación compartimos una traducción no oficial de un comunicado publicado por Per la Democrazia Popolare (PLDP) el 2 de agosto.
El reciente episodio ocurrido en Ceuta, una de las pocas colonias que aún mantiene el Estado imperialista español, ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de las supuestas contradicciones del oportunismo socialfascista. En particular, en lo que respecta a la relación de aparente confrontación y, en la práctica, de colusión con los gobiernos de países semicoloniales y de capitalismo burocrático, como Marruecos.
El pasado jueves, decenas de miles de migrantes, con el enésimo alto coste en vidas humanas, intentaron cruzar las fronteras que delimitan el territorio entre el Reino de Marruecos y la colonia española de Ceuta, que se extienden a lo largo de más de 8 kilómetros en un territorio de 18,5 km² caracterizado por una militarización masiva; lo cual tiene claramente por objeto impedir el acceso de las masas populares marroquíes que, empujadas por la condición perenne de empobrecimiento y superexplotación a la que se ven reducidas por la explotación imperialista respaldada por el capitalismo burocrático, intentan periódicamente cruzar esas fronteras con la esperanza de ser acogidas para poder llegar desde allí a “Europa”.
El caos político y mediático provocado deliberadamente tras este suceso, que, por otra parte duró relativamente poco, ya que la casi totalidad de los migrantes que atravesaron las fronteras se vieron obligados de inmediato a regresar a Marruecos, tuvo su continuación en la sucesión de acusaciones entre las distintas fuerzas y Partidos del Gobierno. El debate sobre si este suceso pudo haber sido favorecido por Marruecos, por EEUU o incluso por el Estado sionista carece de relevancia para los anti-imperialistas, quienes, por el contrario, deben denunciarlo como una manifestación de posiciones reaccionarias y rojipardas. Lo que importa es, en primer lugar, denunciar el papel del Gobierno oportunista español y, en segundo lugar, a la luz de la contradicción principal entre el imperialismo y los pueblos oprimidos, apoyar a las masas populares de Marruecos contra el capitalismo burocrático y el imperialismo y, al mismo tiempo, el derecho del pueblo saharaui a la guerra de liberación nacional contra el régimen monárquico-fascista marroquí para alcanzar la independencia nacional.
La cuestión del Sáhara Occidental, a menudo olvidada en los círculos, reales o supuestos, del movimiento anti-imperialista de nuestro país, es de una importancia primordial, ya que en ella se cristalizan muchas de las contradicciones del dominio imperialista en los territorios gobernados por el Estado marroquí. En el problema de la “crisis migratoria” en Marruecos también influye la cuestión de la opresión del pueblo saharaui promovida por ese mismo Estado títere de los imperialistas estadounidenses. En los últimos años, en particular a partir del primer mandato del ultrarreaccionario Trump, Marruecos ha obtenido un apoyo más abierto a sus proyectos de anexión del territorio saharaui. En 2020, el imperialismo estadounidense reconoció formalmente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental a cambio de la normalización de las relaciones con la entidad sionista. De hecho, el gobierno reaccionario marroquí ha apuñalado abiertamente por la espalda a la causa palestina, tras décadas saboteándola en secreto, lo que no ha hecho más que confirmar su papel de semicolonia sometida principalmente a los intereses de Estados Unidos. Al mismo tiempo, consciente de la impopularidad del colonialismo y del creciente sentimiento anti-imperialista que anima a las masas populares de todo el mundo, a lo que se suma el hecho de que hoy en día resulta extremadamente costoso mantener una ocupación directa de las naciones oprimidas, el Gobierno monárquico-fascista propone ahora una especie de autonomía. Se trata de una autonomía ficticia, comparable a la farsa de los “dos Estados” en Palestina o a los antiguos planes del imperialismo francés para mantener su dominio en Argelia en la época de la guerra de liberación nacional. Este proyecto cuenta, obviamente, con el respaldo de la ONU y de otros organismos internacionales que sirven a los intereses del capital financiero.
Un enfoque correcto a la cuestión del Sáhara Occidental implica necesariamente reconocer la naturaleza del ocupante marroquí, qué clases están en el poder y a qué potencias sirven. Como ya se ha mencionado, el régimen monárquico está al servicio del imperialismo estadounidense y constituye una semicolonia de éste. Esto no impide, obviamente, que mantenga relaciones muy estrechas con diversas potencias imperialistas europeas. La sumisión al imperialismo ha llevado al desarrollo de un capitalismo burocrático al servicio de los intereses de las potencias extranjeras, y la propia empresa colonial llevada a cabo en el Sáhara Occidental sirve a los intereses del capital financiero extranjero. La monarquía marroquí no es más que la forma específica que ha adoptado el dominio de la burguesía burocrático-compradora en el país. Es bien sabido que la penetración imperialista va siempre acompañada del mantenimiento de las relaciones precapitalistas y de la consiguiente superestructura reaccionaria, representada en este caso por el régimen monárquico. El imperialismo español desempeña un papel peculiar en esta situación, encabezado por el Gobierno del socialfascista Pedro Sánchez, que salvaguarda sus dominios coloniales enviando al ejército para reprimir las aspiraciones de una vida mejor de los migrantes y que, a pesar de una retórica aparentemente favorable a los derechos del pueblo saharaui, expresó abiertamente en 2022 su apoyo al plan de “paz” promovido por Marruecos.
Aunque España no apoya formalmente la soberanía marroquí para mantener su fachada de país “progresista”, ¡en la práctica apoya una propuesta impulsada por la misma entidad que oprime al pueblo saharaui! Una vez más, abundan las comparaciones con el apoyo a la falsa “Autoridad Nacional Palestina”. Conviene recordar que el “giro de 180 grados” oficial del gobierno oportunista español sobre el Sáhara Occidental se produjo precisamente tras la última “crisis migratoria” en Ceuta, ocurrida en 2021.
Por lo demás, los intereses económicos del capital financiero europeo en el Sáhara Occidental son numerosos, desde la explotación salvaje de sus costas para la pesca intensiva, pasando por las energías renovables y la extracción de fosfatos para la producción de fertilizantes.
Además, con el avance del fascismo aumenta la necesidad de los gobiernos imperialistas de poder contar con gobiernos colaboracionistas como el marroquí para promover la deportación masiva de miles de personas, tal y como demuestran las recientes declaraciones del Gobierno italiano tras la suspensión temporal del Tratado de Schengen con España. Por otra parte, tal y como informó Il Fatto Quotidiano en un artículo del 2 de agosto, Italia es el principal vendedor de armas de la Unión Europea a Marruecos. También estos “negocios” se inscriben en la lógica según la cual es necesario reforzar los aparatos represivos de los gobiernos reaccionarios en los países de capitalismo burocrático, con el fin de permitir el “mantenimiento del orden” y la represión de la lucha de las masas.
Las crecientes tentativas de pacificar el movimiento nacional saharaui exigen intensificar el apoyo a su resistencia, una resistencia dirigida contra el capitalismo burocrático representado por el gobierno monárquico-fascista, contra el imperialismo y contra todo el bloque semifeudal que se reproduce con el fin de facilitar el dominio imperialista. Por lo tanto, para los anti-imperialistas es importante luchar contra la colaboración del imperialismo italiano con Marruecos y apoyar al pueblo saharaui, lo que significa defender que todo el territorio del Sáhara Occidental debe ser un país independiente y reiterar que cualquier propuesta de “autonomía” es, en el mejor de los casos, ingenua y, en el peor, parte de un plan deliberado para aplastar las reivindicaciones del pueblo saharaui.
Colectivos de Per la Democrazia Popolare